Fuente primariaDocumento original conservado en archivo público, parroquial, judicial o privado con cadena de custodia verificable. Una transcripción, una fotocopia o una cita de segunda mano no se tratan como fuente primaria, aunque se usen como apoyo.
Atribución de autoríaCuando un texto, plano o fotografía no tiene firma ni sello, indicamos expresamente que la autoría es conjetural. No publicamos atribuciones cerradas sin respaldo documental, aunque la tradición local las dé por ciertas.
Restauración y reconstrucciónSon operaciones distintas y las nombramos distinto. Reconstruir implica reponer volumen o material perdido; restaurar implica estabilizar lo existente. En los informes se indica qué sector corresponde a cada categoría y con qué criterio se decidió.
Efemérides y memoria escolarLos artículos sobre fechas patrias no buscan fijar un relato único. Cuando citamos actos escolares o programas de estudio, lo hacemos como documento histórico, no como modelo a seguir ni como corrección de lo que enseña cada institución.
Datos personales en documentosEn partidas, padrones y expedientes aparecen nombres de personas que pueden tener descendientes vivos. Publicamos sólo lo necesario para el análisis y evitamos reproducir datos sensibles que no aporten al caso tratado.
Alcance de la asesoríaOrientamos sobre relevamiento, conservación preventiva y criterios de catalogación. No emitimos dictámenes judiciales, no actuamos como peritos en causas y no reemplazamos el trabajo de un archivo o museo con competencia formal sobre el fondo documental.
El método de Red Thorne no empieza en la escritura sino en la consulta. Antes de publicar una efeméride, una crónica colonial o una nota sobre patrimonio, verificamos fuentes, fechas y procedencia documental. Este es el recorrido que sigue cada pieza, desde la primera ficha hasta su publicación.
Partimos de una pregunta concreta: un prócer poco documentado, una efeméride discutida, un edificio con intervenciones sucesivas. Revisamos catálogos de archivos nacionales, provinciales y parroquiales antes de decidir si el tema tiene material suficiente para sostenerse.
Transcribimos manuscritos coloniales y decimonónicos, comparamos versiones y anotamos las discrepancias. Cuando un dato aparece en un solo documento, lo señalamos como hipótesis y no como hecho. La caligrafía procesal y las abreviaturas notariales exigen este paso lento.
Cada texto se apoya en bibliografía académica y en informes de restauración cuando el tema toca arquitectura o museos. Consultamos actas de comisiones patrimoniales para distinguir lo conservado de lo reconstruido, y lo advertimos en el cuerpo del artículo.
Escribimos en un registro de divulgación, sin notas al pie innecesarias pero sin simplificar de más. Las fotografías se eligen en blanco y negro o sepia, con pie descriptivo, y se descartan las que no aportan información sobre el documento o el edificio.
Después de publicar, dejamos abierta la posibilidad de enmienda. Si un lector o un archivo aporta un documento que corrige lo escrito, actualizamos la nota y registramos el cambio. La historia nacional no se cierra en una sola entrega.
Los plazos dependen del acceso a los fondos documentales y de la disponibilidad de las instituciones consultadas. Algunos temas requieren meses de lectura previa; otros se resuelven con material ya digitalizado.